Este libro está conducido por dos hipótesis básicas: a) el enfrentamiento entre el estado español (secundado por el francés) y el pueblo vasco se hace inteligible si lo abordamos como el enfrentamiento entre dos casas con proyectos alternativos y enfentados para un mismo territorio; y b) estos proyectos se sacralizan y se convierten en religiones cuyos límites hay que proteger y defender.
En el caso vasco, la elevada conciencia de identidad cultural se convierte en un profundo mitomotor para la construcción de la diferencialidad política, reclamando de forma clara y precisa las exigencias negadas de respeto al marco vasco de decisión. En el caso español, la defensa de la casa (la unidad de la patria) hace que lo que suena a 'desmembramiento de las fronteras nacionales', lo que huele a nacionalismo no español, es antidemocracia, frentismo, sectarismo y generador de exclusiones. Un proyecto que desborde la legalidad constitucional y autonómica es inimaginable, porque se rompe la España una, grande y libre.
Éste es un tema que el autor desarrolla de forma especial en el último capítulo del libro. Los estados español y francés se niegan a reconocer que la violencia y los conflictos que sufre el pueblo vasco son una más de las múltiples manifestaciones de un contencioso histórico sin resolver y de un déficit democrático permanentemente reproducido y sostenido por las armas y la represión. El autor analiza los últimos acontecimientos acaecidos en Euskal Herria haciendo ver que mientras el Acuerdo de Lizarra-Garazi ha abierto vías de solución democrática a un conflicto de larga duración, el estado español descalifica y criminaliza cualquier tipo de sentimientos de pertenencia a pueblos y naciones no españoles dentro de sus fronteras, con lo que se está frenando cualquier salida democrática al conflicto.
Este capítulo aborda, de forma sugerente y original, el tema del nacionalismo como el proceso de construcción de la "casa vasca". Después de una breve perspectiva histórica, se analiza los acontecimientos más relevantes de los últimos años (condena de la Mesa Nacional de HB, cierre del Diario Egin y de Egin Irratia, la tregua de ETA y el acuerdo de Lizarra-Garazi) como manifestaciones más significativas de un proceso de construcción de la "casa vasca" desligado de la lucha armada y abierto a la lucha política por el logro de estructuraciones jurídicas y políticas más acordes a la voluntad de los ciudadanos de este pueblo. Este intento se está viendo obstaculizado por el inmovilismo del Estado Español, que favore constantemente el conflicto con el pueblo vasco para acrecentar la corrupción y el clientelismo político. El autor plantea que el estado viola sistemáticamente las leyes en que fundamenta su legalidad, lo que le convierte en una etnia en detrimento de los ciudadanos vascos, amparados teoricamente por su constitución, pero tratados como enemigos de la "patria", carentes, por lo tanto de leyes que los amparen. En este sentido, el autor sostiene la tesis de A. Smith para quien la distinción entre nacionalismo cívicos y étnicos carece de fundamento científico a la hora de comprender este fenómeno. El estado español habría iniciado un proceso de etnicización de la vida política. Concretamente, los ciudadanos vascos que postulan vías de reconocimiento de su identidad nacional no española son perseguidos y considerados no como ciudadanos, sino como miembros de una etnia enemiga.
El libro abunda en datos y ejemplos sacados de la vida política de estos últimos años que orientan la comprensión de este postulado. El proyecto de estado-nación en el que se basan las políticas centralistas de los gobiernos de Madrid y París puede ser calificado de monoétnico, monolingüístico y monocultural. Sin embargo, en Euskal Herria, este proyecto está encontrando serios problemas de legitimación dentro de un territorio y al interior de una población que defiende los límites de su casa perseguida y atacada (pero no conquistada), casa para la que la reconstucción de la Europa Comunitaria ofrece la posibilidad de encontrar espacios de reconocimiento político más amplios que el caduco y restringido marco de las autonomías.
El libro aborda, además, otros dos aspectos de interés para el estudio del fenómeno del nacionalismo: a) el papel de la cultura y de los símbolos en la construcción de la nacionalidad; y b) el rol de la religión en cuanto instancia ritualizada de legitimación social.
Con respecto al primer punto, el autor, después de analizar el tema de la construcción nacional en Europa y presentar algunas teorías explicativas del fenómeno, sostiene que en el caso vasco, los rasgos culturales son activados en determinado momentos de la historia cuando son atacados (los límites son trasgredidos). A partir de estos momentos, estos rasgos adquieren una gran capacidad de simbolización y de mobiliación, es decir son potentes herramientas de generación de sentimientos de identidad. El autor sostiene, además, (siguiendo a P. Bourdieu) que la construción de la identidad es impensable sin la práctica social. La práctica de lo religioso es precisamente el tema abordado en el capítulo segundo, tema que no abandona hasta el final del libro y que religión y nacionalismo son dos aspectos de la misma realidad. Toda sociedad es una comunidad moral. Los valores religiosos la sostienen y la orientan.
En relación al proyecto de construcción de la casa vasca, este capítulo ofrece una visión de los difeentes posicionamientos de la Iglesia local con respecto al tema del nacionalismo y de la lucha armada incidiendo en la capacidad de la religión de forjar o de deconstruir la identidad nacional.
Las sociedades humanas limitan y protegen constantemente sus límites convirtiendo el espacio de su hábitat en algo sagrado. En el caso vasco, los estados que le rodean violan permanentemente los límites de su casa. Los trasgreden sin ritualización alguna. Los estados se han construido con base en la instauración de fronteras, defendidas con las armas. Los vascos, con una conciencia y un proyecto de nación diferentes al interior de las fronteras de los estados que los dominan son considerados como enemigos de la patria a la que traicionan. El nacionalismo no español es un virus a extirpar. El acuerdo de Lizarra-Garazi propone una relación basada no en la frontera (exclusión y defensa armada), sino en el concepto de límite (dialogo y negociación). Hay que pasar del lenguaje del enfrentamento al de la ritualización de los límites de nuestras diferencias.
Este libro es, pues, una reflexión sobre la exigencia de un pueblo a que se le reconozca el derecho a vivir su identidad y su diferencialidad en la Europa comunitaria. Un sector mayoritario de ciudadanos de este país así lo reclama. Hasta el momento, los estados han respondido con descalificaciones, con la judicialización de derechos adquiridos y con la demonización de los sentimientos nacionales diferentes a los oficiales. El día en que los estados admitan que al interior del hexágono y de la península hay sitio para otros pueblos distintos al de l'Ile de France y al castellano, los nubarrones empezaran a disolverse.
el autor
