RESEÑA
Tres de cada diez españolas presas son gitanas. Se trata de una cifra preocupante, veinte veces mayor que la proporción de gitanas en el conjunto de la sociedad, y refleja una sobrerrepresentación que supera a la de los negros en las cárceles estadounidenses, o a la de los aborígenes en las prisiones australianas. Sin embargo, pese al indudable interés del fenómeno, hasta ahora apenas había sido investigado. Mujeres gitanas y sistema penal recoge precisamente una investigación pionera, realizada en 1999 gracias a una subvención de la UE, que vio detrás de las estadísticas un caso de violencia institucional contra las mujeres.
Dejando a un lado tópicos y prejuicios, el libro trata de desvelar los factores que explican el elevado número de gitanas encarceladas y, de paso, mostrar la vida, preocupaciones y esperanzas de unas mujeres a las que la sociedad y el sistema penal conceden muy pocas oportunidades.
Más que hablar de gitanas criminales, el Equipo Barañí (palabra que en caló significa cárcel de mujeres) centra su atención en la criminalización de las gitanas. Para explicarla comienza analizando la triple marginación que arrastran las gitanas que han estado entre rejas: por ser mujeres, por ser gitanas y por ser pobres. Al fuerte control social que sufren en su comunidad la cultura gitana es marcadamente patriarcal se une el control formal al que les somete el sistema penal. Su definición de delito y la extremada dureza de las penas sobre todo en los delitos de narcotráfico y contra la propiedad, precisamente aquellos por los que están condenadas el 997% de las gitanas parecen concebidas para enseñarse con los sujetos más débiles. Las condenas largas (de una media de 67 años) y los escasos beneficios penitenciarios generan no sólo mujeres desadaptadas, sino también familias desestructuradas como consecuencia del papel central que las mujeres juegan en ellas.
Si la comunidad gitana es a menudo invisible, más aún lo es el colectivo de las gitanas encarceladas. Para hacerlo visible el Equipo Barañí, de carácter interdisciplinar, ha realizado un extenso trabajo que combina técnicas cuantitativas y cualitativas. En él ha recogido la voz de 300 gitanas presas bien mediante una encuesta, bien mediante entrevistas en profundidad y de otras 150 personas fuera de la cárcel gitanos y gitanas, personal de los cuerpos de seguridad, del sistema judicial y penitenciario, de los servicios sociales, del mundo asociativo y de los medios de comunicación, con el objetivo de dibujar así el complejo entorno que rodea a estas mujeres.
En suma, Mujeres gitanas
es un estudio detallado que está llamado a convertirse en un referente ineludible para cualquiera que desee acercarse a las mujeres gitanas presas, un colectivo que hasta ahora ha pasado prácticamente inadvertido para las ciencias sociales.
Más información: el libro está disponible en formato electrónico en la dirección <http://www.web.jet.es/gea21/>. En dicha dirección se indica cómo conseguir el volumen en formato papel y cómo contactar con los-as autores-as.

Presentación
Introducción
I. Marco teórico
Cap. I. Apuntes sobre la situación de la comunidad gitana en la sociedad española. Mitos y realidades que influyen en la criminalizción de las mujeres gitanas
Cap. II. Mujeres gitanas y procesos de selección penal
Cap. III. Limitaciones del sistema punitivo
Cap. IV. Algunas reflexions sobre medidas policiales y penales contra el tráfico de drogas
II. Estudio sociológico
Introducción
Cap. 1. Datos comparativos.
Cap. 2. Condiciones sociodemográficas de las mujeres encuestadas
Cap. 3. Trayectorias vitales de gitanas presas
Cap. 4. El recorrido de las gitanas presas
Cap. 5. La experiencia de la cárcel
Cap. 6. El discurso de las gitanas en prisión
Cap. 7. Algunas voces gitanas
Cap. 8. El discurso de quienes trabajan dentro de las cárceles
Cap. 9. Análisis del discurso de los agentes institucionales
III. Recomendaciones y líneas de acción
Bibliografía

EQUIPO BARAÑÍ
El equipo Barañí está formado por Gabriela Hernández, Elixabete Imaz*, Teresa Martín, María Naredo, Begoña Pernas, Aysel Tandogan y David Wagman.