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XI Congreso de Antropología
Retos teóricos y nuevas prácticas
DONOSTIA // 10-13 de septiembre de 2008
Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español

noticias

La etnografía como herramienta útil para analizar el trastorno bipolar

Emily Martin, Antonius Robben y Paco Ferrándiz

Además de la depresión maníaca, la guerra contra el terror, las violencias cotidianas y los paisajes posbélicos son algunas de las problemáticas objeto del método etnográfico en la actualidad. Y son estos los temas que han centrado, precisamente, la tercera jornada del XI Congreso de Antropología que acoge Donostia hasta mañana.

La etnografía, elemento central de los dilemas y prácticas antropológicas, ha marcado el principal eje de debate durante la tercera jornada del XI Congreso de Antropología, en la que se ha demostrado la capacidad de adaptación de este método de investigación a los cambios y complejidades del mundo globalizado. Los tres reconocidos expertos que han protagonizado la segunda sesión plenaria de este congreso (convocado por la Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español y organizado por la Asociación Vasca de Antropología Ankulegi con la colaboración de la UPV/EHU) han analizado temáticas tan diversas como el trastorno bipolar, la guerra contra el terror o las violencias cotidianas, basando sus conclusiones en sus investigaciones etnográficas.

ENFERMEDAD MANÍACO DEPRESIVA
Emily Martin, profesora de Antropología Cultural de la Universidad de Nueva York, ha presentado en su ponencia Experiencia interior y trabajo de campo etnográfico varias de las conclusiones extraídas de su estudio de campo sobre la depresión maníaca, más conocida como trastorno bipolar, enfermedad que ella misma padece. Su investigación le ha llevado a poner en tela de juicio la definición de racionalidad, ya que explica que en su vida diaria, la mayoría de las personas tienen “diferentes grados de conciencia de la realidad y de las consecuencias de sus acciones, distintos grados de razón en sus decisiones y opiniones”. Los ejemplos expuestos durante la ponencia dan idea de que las personas que sufren esta enfermedad pueden mostrarse autoconscientes y, por lo tanto, racionales. En ese sentido, Martin ha asegurado que “las situaciones en que personas etiquetadas de irracionales actúan racionalmente sacan a la luz tanto la arbitrariedad de la categorización racional-irracional como la poca nitidez de la separación entre ambos”.

Al plantearse realizar un estudio etnográfico de la enfermedad maníaco depresiva, Martin se enfrentó a una serie de conflictos metodológicos que le obligaron a repensar su estrategia investigadora. Debido a razones éticas, la delicadeza del contexto, la necesidad de preservar el anonimato y la disrupción que podría haber causado, la antropóloga se ve obligada a dejar de lado el método canónico del trabajo de campo, la entrevista, en su estudio de los grupos de apoyo para personas que sufren esta enfermedad. Así, recurre a la observación y al hacerlo tropieza con una serie de percepciones que no hubiera podido detectar con otras técnicas.

La experta se centra en lo que no se dice, en los significados detrás de los silencios y en los gestos que generan complicidad y comprensión entre personas que comparten un determinado modo de percibir la realidad. Descubre el silenciamiento ejercido por el uso de los términos científicos que crean categorías médicas y sociales, organizan a las personas y su supuesta manera de percibir la realidad, e impiden la expresión del “estado interior”, de lo que cada cual siente o experimenta.

SITUACIONES DE VIOLENCIA
El doctor en Antropología por la Universidad de California Paco Ferrándiz, por su parte, ha planteado en su exposición titulada La etnografía como campo de minas: de las violencias cotidianas a los paisajes posbélicos una revisión epistemológica de la etnografía, señalando su potencial y, a la vez, su problemática. Partiendo de sus trabajos de campo realizados en Venezuela y en España (sobre las violencias cotidianas influidas por el espiritismo y en torno a la exhumación de las fosas comunes de la Guerra Civil española, respectivamente), Ferrándiz ha reflexionado sobre el estudio de las violencias y los conflictos, que en sus palabras, “abre nuevos escenarios de investigación, nos obliga a reevaluar otros más clásicos, plantea nuevos tipos de problemas, nos enfrenta con actores sociales en situaciones a veces extraordinarias y extremas, nos cuestiona nuestras retóricas y nuestros compromisos éticos, y fomenta nuevas formas de interdisciplinariedad”. Destaca, entre otros retos, la necesidad de evitar la “espectacularización de la producción científica” y la importancia de desarrollar una antropología de “respuesta rápida” que sea capaz de enfrentarse a la presión social en determinadas situaciones.

El rol de la antropología en la producción del conocimiento y su capacidad de incidir en el uso que se hace del mismo ha sido, asimismo, uno de los pilares del discurso del también doctor en Antropología de la Universidad de California Antonius Robben. En su ponencia titulada El trabajo de campo desde la distancia: enfrentando la paradoja de una antropología de la guerra contra el terror este estudioso ha reflexionado sobre qué pueden aportar las y los antropólogos a la guerra contra el terror como alternativa a los análisis de los politólogos, especialistas militares y comentaristas; al tiempo que ha señalado las principales paradojas que surgen en este campo por la dificultad de reconciliar las exigencias éticas, metodológicas y disciplinarias. Robben defiende el estudio desde la lejanía como una técnica válida para abordar problemáticas a las que es prácticamente imposible acceder físicamente. Considera que la etnografía a distancia es posible en el caso de personas que partiendo de una experiencia previa y profunda en el trabajo de campo y de unas buenas cualidades investigadoras, hayan desarrollado una imaginación antropológica que les permita reconstruir la visión global de una situación desde unos fragmentos que se pueden ir ensamblando y conectando entre sí.

La relación de las y los antropólogos con la producción del saber y el poder se ha abordado también en el simposio Intelectuales, mediadores y antropólogos, uno de los más destacados de la jornada. En el mismo se ha analizado la labor mediadora que las y los antropólogos, intelectuales y personas que no tienen un conocimiento especializado desempeñan en las relaciones entre el Estado, la sociedad y las comunidades locales.

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